La gestión de la empresa constructora
La gestión de la empresa
constructora o proveedora como la construcción, tiene por objetivo asegurar
cuatro cuestiones básicas:
1-
Que la obra se realice en el tiempo previsto y con la calidad
comprometida.
2-
Que los costos se mantengan dentro de lo presupuestado.
3-
Que se cumplan las regulaciones oficiales y privadas (reglamentos,
convenios, normas y otros) que atañen a la obra.
4-
Que aparezcan nuevas obras, contratos o nuevos clientes para las unidades
producidas.
Cada una de estas cuestiones, en
las empresas de tamaño significativo, tiene un responsable. En las más grandes
cada grupo de actividades como las mencionadas está en manos de un Director o
de un Gerente.
Lo que queremos destacar aquí
es que, independientemente que la empresa tenga un responsable explícito para
cada una de estas actividades, TODAS deben ser realizadas con un adecuado
balance en función de las importancias relativas, para que la empresa se
mantenga en el tiempo. El adecuado balance se refiere a que, a lo largo del
tiempo, algunas de las actividades demandan mas esfuerzos y otras menos, pero
ninguna debe ser descuidada nunca.
Estos puntos del primer listado
comprenden, a su vez, muchas actividades derivadas, que también deben tener un
responsable. Veamos como se explica esto:
1-
La realización de la obra, provisión o contrato EN TIEMPO requiere
un Jefe de Obra, secundado por un asistente técnico y por capataces de cada una
de las grandes divisiones de la obra: Encofrados, Hormigón, Albañilería,
Electricidad, Sanitarios, Gas, Pisos, Aberturas, Pintura, Vidrios, Ascensores,
etc. El hecho de que muchas de estas actividades sean subcontratadas no libera
al Jefe de Obra de la supervisión de las mismas, por sí o por intermedio de su
asistente. La realización de la obra con los parámetros de calidad convenidos
requiere de un control independiente al del Jefe de Obra, para asegurar la
independencia de criterio: el Jefe de Obra tiene como premisa fundamental el
tiempo, el Jefe de Calidad tiene como premisa fundamental la calidad y, en algún
momento, ambas pueden estar en contradicción.
2-
Mantener los costos dentro de lo presupuestado implica una correcta gestión
de suministros y de subcontratos, no solo en su concepción sino en su desempeño,
lo que requiere un programa de obra que incluya las demandas de insumos, de
personal y de dinero para cada etapa del trabajo, con un desagregado suficiente
como para detectar las posibles causas de atrasos y sobrecostos. El atraso en sí,
es siempre responsable de mayores costos financieros que, en general, no pueden
recuperarse si el precio de mercado está fijado con antelación.
3-
Las regulaciones oficiales y privadas alcanzan a los reglamentos de
construcción, a las condiciones de higiene y seguridad en el trabajo, a las
asignaciones de trabajo, al personal capacitado para ello y otras cuestiones
vinculadas con los convenios colectivos de trabajo, con las cláusulas de las
aseguradoras de riesgo y con las normas locales respecto de horarios y
modalidades del trabajo. El pago de impuestos, tasas y contribuciones es también
parte de esta actividad.
4-
El mercado para las obras y subcontratos y el mercado de venta de
unidades estan indisolublemente unidos, de manera tal que sin venta de unidades
no hay obras ni provisiones. Esto significa que el buen esfuerzo de marketing
del empresario o emprendedor afecta a toda la cadena de provisión de insumos,
de componentes, de servicios y de ejecuciones parciales de una obra. Esto no es
simplemente una declaración conceptual, en muchas oportunidades los grandes
subcontratos incluyen pagos parciales en unidades a construir, de modo que la
venta de ellas pasa a ser parte de los problemas del proveedor. En general la
venta de las unidades, en un mercado con una oferta mayor a la demanda, está
sujeta a la calidad del emprendimiento, el precio del mismo y las condiciones de
financiación. Esto significa que el proveedor que recibe unidades de pago tiene
que tener alguna capacidad para analizar el probable éxito comercial del
emprendimiento y sus propias posibilidades de obtener clientes adecuados que
accedan a las cada vez mas rigurosas normas sobre financiación de viviendas.
Para los empresarios
constructores de medio porte y para sus proveedores y subcontratistas, es muy
frecuente que muchas de estas funciones, aún las más diversas, estén
atendidas por la misma persona. Esto no es malo en sí, lo que no es bueno es
que el responsable desconozca o no acepte como de su incumbencia la correcta
atención de todas estas actividades.
Es mas, no hay forma de iniciar
una pequeña empresa sin que el propietario o empresario asuma por sí una serie
de funciones que no puede contratar con terceros. Las incertidumbres que maneja
una empresa que se inicia son tan grandes que hasta es posible que, teniendo el
dinero para pagar a profesionales, no los consiga o los consiga con experiencias
menores a las necesarias por el riesgo implícito de su propia iniciación.
En la medida en que la empresa
crece, la necesidad de intensificar algunas de sus funciones aumenta también.
En ese caso es posible que deba incorporar un Jefe de Obra o un Supervisor que
colabore con las actividades en el lugar de ejecución de las obras. También es
posible que deba incorporar personal administrativo para las actividades más
urgente. En estos casos, los riesgos de la empresa y los temores del empresario
conducen a reclutar personal con bajas calificaciones que resulta tener baja
performance y cuesta poco dinero.
Muchas veces el individualismo
de los empresarios y su escasa formación para realizar acciones compartidas,
los lleva a una situación tal que, si bien crecen por el empuje de sus
iniciadores, se rodean de personal de poca relevancia y en cantidad tal que
terminan siendo un obstáculo para futuros crecimientos.
En algún momento del desarrollo
de todas las empresas se plantea la necesidad de asociarse con otras personas
para crecer mas rápido o renunciar al crecimiento y mantenerse en el estado
actual.
En general, las empresas deben
intentar crecer hasta alcanzar un nivel en el cual la estabilidad sea mayor.
Este nivel depende de la actividad de la empresa y del medio donde se
desenvuelve. Si uno observa a las empresas constructoras exitosas se encuentran
con que alguna de ellas se desarrollaron en el interior del país, y luego
debieron trasladar parte de sus actividades a otras localidades con mayor
demanda para continuar creciendo. Otras se diversificaron con nuevas
actividades. El denominador común es que todas, en algún momento, se asociaron
incorporando socios o por medio de UTE.
Pensemos en la posibilidad de
incorporar algún buen profesional y empleados jóvenes con alto potencial de
crecimiento: sería posible ofrecerles una remuneración basada en un componente
fijo, al alcance de las posibilidades de la empresa, más un componente
variable, sujeto a las utilidades de la misma. En ese caso y con una conducta
leal de ambas partes, es posible que se consigan mejores colaboradores, con un
espíritu de participación en futuro que depende de ellos y su performance,
además del empresario. En el futuro, algunos de ellos, los de mejor desempeño,
podrán ser parte de la firma.
En definitiva, las necesidades
de una empresa en crecimiento son tan grandes que es mejor repartir las
responsabilidades con asociados confiables y con colaboradores comprometidos, el
problema es encontrarlos y desarrollar relaciones con ellos que permitan
conjugar esfuerzos para un objetivo común.
Tarea nada fácil.
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